Escribir para aprender

Si preguntamos, existirán muchas personas que tienen el recuerdo de un diario de la infancia. Algo más que un simple cuaderno, un momento donde se desvelan los secretos, lo que se pensaba de los compañeros de clase, los amores prohibidos, etc. Algo que con el tiempo y la adultez se deja de lado.

Plasmar los pensamientos y sentimientos y tener la necesidad de hacerlo conlleva una serie de beneficios:

  • Al escribirlo debemos repasar mentalmente lo sucedido y organizar los aspectos a tratar. Ayuda a ordenar las ideas antes de plasmarlas.
  • Ayuda al desahogo emocional. En ocasiones, las personas sientes una tormenta de emociones catastróficas, contradictorias y/o abrumadoras.
  • Favorece la expresión, contribuye a encontrar la palabra adecuada para aquello que se quiere decir.
  • Ayuda a visualizar la situación con perspectiva.

A veces las personas no escriben porque no saben cómo hacerlo, cómo hacerlo o piensan que les llevará mucho tiempo. Aquí se recogen algunas ideas que ayudan a comenzar:

1) Describir la situación que ha ocurrido. ¿Qué es lo que ha pasado?

2) Plasma tus pensamientos y sentimientos. Cómo te sientes, qué pensamientos te vienen a la cabeza.

3) Acciones. Qué se ha hecho para abordar la situación, tanto si es algo agradable o desagradable.

4) Si no se hizo nada, ¿cuál es el plan de acción?

Para que escribir no sea algo costoso sobre todo al principio, es preferible dedicarle unas pocas líneas a cada paso, unas 2 o 3 frases por punto.

No hay razón para escribir solamente lo desagradable, también es bonito dejar plasmado lo agradable que ocurre durante el día. Así, cuando se vuelva a leer más adelante, también recordemos lo bueno que nos ha ocurrido.

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